Ruth

http://www.elpais.com/articulo/portada/Cuidar/mayores/elpepusoceps/20090322elpepspor_5/Tes

La población envejece y la responsabilidad desaparece.

A medida que vamos ganando años, seguimos manteniendo nuestra propia libertad, algunos quizá demasiados piensan que en la vida nada vamos a necesitar, que la familia no debe en ningún momento entrometerse en las actuaciones, en la manera de obrar y proceder, etc... de nuestra vida. Pero distinto es el entrometimiento, al amor hacia las personas, y velar por la vida de estas.

Me duele de manera especial que a diario son más los ancianos y ancianas que están faltos de cariño, faltos de atención, faltos de cuidados, faltos del amor de los suyos, de esos con que tanto cariño criaron, con que tanto amor se desvivieron por darles lo mejor, para que ahora a aquellos que todo le dieron, no se digne ni en preocuparse ni en cuidar a sus mayores.

Nuevamente sale a la luz, la despreocupación, el ego individual, el no querer dar nada por nada, y mucho menos dar amor a quienes no dieron la vida o nos dieron todo cuanto pudieron por ayudarnos a seguir hacia adelante, por dejarnos lo mejor que podían dejarnos.

Me parece que deberíamos meditar, pensar e intentar rectificar siempre que estemos a tiempo. Siempre digo que lo que no quieras que te hagan, tampoco se lo hagas tú a los demás, claramente si nos despreocupamos por nuestros mayores, cuando nosotros seamos mayores, tampoco nadie se preocupará de nosotros, y creo que a nadie le gusta sentirse o estar solo, desamparado y abandonado.
6 Responses
  1. Alfonso Says:

    Todos llevamos un abuelo encima Ruth.. nosotros mismos... y mira que no nos damos cuenta...


  2. Ruth Says:

    ¡Buenas noches!

    Amigo Alfonso, ya sabes no hay más ciego que el que no quiere ver, paciencia y constancia, algún día nos daremos cuenta.

    Un abrazote enorme.


  3. Vero Says:

    Uff, no podría estar más de acuerdo con ésto. Yo tengo a un "joven mayor" en casa :( por circunstancias vamos, que tengo al jefe más estropeado que la moto de un hippie. Tiene la invalidez total desde los 47 años y diez años más que entonces, así que imagina. Hay muchas, muchísimas cosas que ya no puede hacer solo :( yo tengo suerte, también tengo a mi madre que es una leona. Y la verdad Ruth, a veces me desespero un poco porque quiero ir más deprisa de lo que él puede :/ Hay muchas cosas que no he podido hacer, pero no pienso en ellas, y bueno, otras personas en mi lugar supongo que se habrían tomado la vida de otro modo... Yo... ni siquiera me he ido de casa todavía, y eso que tengo la suerte de tener una propia. Igualmente sé que algún día tendré que irme. No sé, personalmente, para mí es muy difícil algunas veces, pero aquí sigo. A la gente que abandona a sus mayores... no puedo entenderla. No puedo, sería algo que yo jamás haría. Nunca. Puedo entender a los hijos de mis vecinos, que se valen todavía por sí solos (todos mis vecinos son mayores porque vivo en la casa en la que vivió mi abuela, que es bastante antigua). Los que más y los que menos, vienen a verles bastante a menudo. Entiendo que cada cual tiene que hacer su vida, pero ¿a esas personas que los aparcan en residencias como a trastos viejos? Yo paso junto a la que hay en mi pueblo y es que se me cae el alma a los pies, de verdad te lo digo :( Mis padres tenían un negocio junto a esa residencia, y una de las enfermeras nos contaba un día, que hay quien realmente se muere de pena. Morirse de pena :¨¨¨¨( Me parece horrible :( y joder, que no te dejes la vida por cualquiera que encuentres por ahí así de buenas a primeras y sin saber, pues aún lo entiendo, ¿¿pero si no empiezas por tu casa?? Jo, no sé, que está todo patas arriba, y que creo que fuese tan difícil cambiarlo :(
    Yo creo que la clave del asunto está aquí: "Hay que poner en práctica el principio de sinergia, según el cual la conjunción de los esfuerzos procura un resultado mayor que su simple suma. Sin embargo, para realizar un plan común se precisa una buena dosis de comprensión, que permita validar los diferentes puntos de vista, resolver desavenencias y llegar a acuerdos."
    Pero hay tanto sordo mental... pffff
    En fin, paro que me conozco. No tengo medida, o dos líneas o dos hojas. Así que hoy, ahí va uno de mis rollos.

    Un besote encanto y gracias por tus entradas. Por todas :*


  4. Cruz Diaz Says:

    Hola Ruth.

    Siempre tendremos una deuda con nuestros mayores. Es verdad que el sistema social esta haciendo cada vez mas para atender las necesidades de los ancianos, pero lo que nunca podrá suplir el servicio social es el cariño, el afecto, el amor de un hijo y un familiar cercano. Pensemos que nuestros padres nos necesitan, Necesitan sobre todo cariño, y cuando perdamos la paciencia con ellos pensemos en la paciencia que tuvieron ellos con nosotros.

    Un abrazote compañera.


  5. Ruth Says:

    ¡Buenas noches!

    Perdonarme la demora, pero no siempre puedo atender como debería, por motivos laborales como siempre y para no variar, pero bueno aquí estoy.

    Vero, te entiendo yo tengo a mi mamá con una no contributiva y con 61 años, y es parte de mi vida, porque la mitad no hay quien la quite a ninguna madre, más cuando tú ya eres madre, nuestro mayores se lo merecen y no entiendo por qué ya no hay amor ni paciencia para preocuparnos y atendernos los unos a los otros, es algo que me revela.

    Como tú bien has dicho hay: Pero hay tanto sordo mental... pffff

    Cruz, así es la deuda la tendremos siempre, además que no es otra cosa que la de preocupación y atención los unos por los otros, ellos cuando nosotros los necesitamos estuvieron ahí, no es comprensible que ahora nosotros no hagamos lo mismo, entiendo que hay circunstancias especiales, pero también las hay que sin ningún motivo obran de manera escalofriante y vejatoria contra sus mayores.

    Un abrazote a los dos.


  6. zaidani Says:

    UNA VIEJA HISTÓRIA DE AMOR

    El viejo hidalgo mantenía a su señora encerrada en el castillo donde la añosa dama dominaba estancias, salón, cocina y dos pequeñas almenas por donde podía contemplar, a lo lejos, la pequeña aldea que el empinado e imposible camino recorría en ascenso hasta lo alto de la cumbre en la que ella habitaba.

    Él la animaba a bajar al poblado para comprar tortas de miel, bellas telas de seda y brocados, pero ella, consciente de su dificultad artrítica, declinaba la tentadora oferta y le devolvía los maravedís, que él previamente, le había entregado de su sueldo como militar del Rey, y le daba una lista con lo necesario para la subsistencia.

    La escasa fortuna acumulada durante todos los años de servicio al Rey, solo le había permitido la adquisición del sobrio y escueto castillo en el que se mantenía atrincherado como dueño y señor, negándose a bajar a la aldea, donde ya no habría podido adquirir ninguna otra posesión. Los reyes no siempre se acuerdan de sus antiguos servidores.

    El viejo militar bajaba con cierta dificultad, los días de mercado, por el empinado camino hacia la aldea. Ya no era quien había sido. Hijo de campesinos propietarios descendientes de hidalguía, había nacido y habitado durante su juventud en un lugar apartado de la civilización, situado en la loma de una serranía desde donde se podía contemplar la cordillera mas alta del Reino y su cumbre nevada, y al mismo tiempo, se podía contemplar, a lo lejos, el inmenso mar de las tierras del sur.. Acostumbrado en su infancia a subir y bajar por los riscos y barrancos que componían el paisaje natal, para ir de la cima a la orilla y de la orilla a la cima, no comprendía por qué ahora sus piernas ya no le respondían en la bajada y le costaba tanto la subida. Hubiera preferido permanecer en la cima para siempre. Solo mantenía el tipo por la obligación sagrada de cuidar y avituallar a su achacosa dama y señora.

    Ella, exquisita como era, y amargada como estaba por su encierro, pocas veces encontraba correcta la adquisición de viandas;
    O bien le parecían equivocadas, o no eran suficientemente frescas las verduras, o las carnes eran de peor calidad que antaño. Pero cuando el caballero le subía un dulce o una flor, el rostro de la anciana resplandecía de tal manera, que volvía , por un segundo, a ser la bella dama que él había conocido cincuenta años atrás. Y entonces, al viejo caballero, le brillaban los ojos de tal forma, que ella, dulce como la miel, olvidaba los reproches y besaba al señor del castillo como una tímida damisela.

    F. Díaz